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lunes, 20 septiembre, 2021

Lo odio, si crees en Dios, solo tienes que odiarlo

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Amor por esa tierra

Es como cuando puedes permitirte el lujo de encantar mercados donde el europeo vende cosas inverosímiles y miserables, pero que, al final, en su contexto transmiten amor por todas las obras. Llega la disentería terrible, viene la malaria terrible, pero se superan, derritiéndose en el amor por esta tierra, en todos sus aspectos, en el panteísmo indigente. El padre Faustina se convierte en el creador del postulado de Cambovelli Camboni. Uno de los muchos topónimos africanos con un sonido tan diferente que te lleva a cualquier parte y que no es casualidad que la autora Andrea Salonia cita en gran número: Cocoavelli, Collagon, Anfame … Pero con qué propósito uno se pregunta traer a Cristo entre esta gente? ¿Qué saben ellos de Cristo? ¿Qué pueden entender? ¿Qué necesitan de él? Las preguntas continúan porque Faustina ha aprendido a “amar su propia ansiedad”, pero más ansiedad estos temas son la deriva que lo obliga a lanzarse a África, a quedar fascinado y sumiso a ella hasta el punto de comportarse como muchos ingenuos y románticos del sexo. -Turistas de Europa del Este tras la caída del Muro se casaron con la primera mujer que conocieron.

El padre Faustina conoce a una niña africana con el arcaico nombre italiano Nives, su mejilla, marcada por las rupturas de las cicatrices de los animistas, aprende por primera vez el amor sensual y se casa sin remordimientos ni dudas. Después de todo, ¿no puede el destino manifestarse de manera sensacional y repentina? Cuando los niños crecen – no once, como Nives y sus hermanos, sino solo dos – la familia feliz regresa a las montañas angulosas, frías y rocosas, donde la fe de Dios – Cristo es puro, y allí se condensa después de la nevada – el primero, como lo demuestra Nvis, a pesar del nombre – una tragedia cuando de repente todas las buenas intenciones esparcidas a lo largo del camino del misionero convierten la vida en un infierno en la tierra.

Básicamente, es un resultado mucho peor, solo por lo que él creía, que el resultado de Bardam; aún más burlón. Si crees en Dios, es posible que tengas que odiarlo. El lenguaje, como el trabajo de Celine, es el lenguaje de la narrativa. Sin ley, humilde pero sincero y gentil, casi infantil en los muros de novelas de formación y deformación como Mark Twain, Salinger y así sucesivamente, sobre todo en la parte inicial, aquella donde la infancia del protagonista, el futuro misionero y así el futura ex misionera Faustina Martinelli. La parte central, la africana, fue muy feliz y exitosa, obviamente fruto de experiencias como las de Celine: manejo de una plantación de cacao en Camerún, paludismo, etc. Con el tiempo, el delirio toma forma y el estilo también se adapta. Si crees en Dios, tal vez al final solo tengas que odiarlo, pero no puedes: él te enseñó a aceptar, te enseñó a perdonar. Porque a él mismo se le pueden perdonar muchas cosas. Como Celine, la autora también es médica, profesora de urología en la Universidad de San Rafael.

Andrea Salonia, Odiodio, Nave de Teso, s. 464, 20 euros

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